I.E.S. Francisco Romero Vargas
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Nuestra Señora de la Merced. Patrona de Jerez.

Nuestra Señora de la Merced. Patrona de Jerez.
24 de septiembre


Todos sabemos que Nuestra Señora de la Merced es la patrona de nuestra ciudad, pero... ¿por qué?

Tiene la ciudad de Jerez de la Frontera por Patrona a Nuestra Señora de la Merced, que preside la iglesia basilical de su nombre.

Algunos quieren llevar este patronazgo a los años finales del siglo XIII -1282-1300- pero está demostrado que se trata de una afirmación puramente legendaria pues ningún documento avala tal suposición. Solo a mediados del siglo XVII se comienza a considerar a la Virgen de la Merced como Patrona de Jerez, siendo en el siguiente cuando se generaliza la costumbre de otorgarle tal patronazgo, aunque hasta el año 1888 no se decidiera el Consistorio y el Cabildo Colegial a solicitar del Papa la confirmación del mismo.

Por diversas circunstancias no llegó a tramitarse correctamente dicha solicitud, quedando las cosas como estaban. De nuevo se insistió en el tema en 1925 con el mismo resultado, pero en 1944 se volvió a solicitar y ahora, gracias a la eficaz gestión del cardenal D. Pedro Segura y Sáez, se consiguió que el Papa Pío XII firmase un Breve el 27 de junio de 1949 por el que se confirmaba el patronazgo de Nuestra Señora de la Merced sobre la ciudad de Jerez de la Frontera perteneciente, entonces, a la archidiódesis sevillana y convertida, algunos años más tarde, en cabeza y sede de la nueva diócesis de Asidonia-Jerez.

La devoción de los jerezanos a Nuestra Señora de la Merced se remonta al siglo XIV cuando los frailes de la Orden se establecieron en la ciudad. Parece que adquirió popularidad y nombradía en los inicios del siglo XV pues consta que en 1410 asistió el Concejo a la fiesta y procesión de la Merced y que el Ayuntamiento liberó de los impuestos municipales al convento en reverencia de la muy noble señora Santa María de la Merced.


Hay noticias documentadas de las rogativas organizadas por diversas circunstancias que tuvieron a Nuestra Señora de la Merced como protagonista, a partir del siglo XVI. Una gran resonancia tuvieron las celebradas en 1599 y 1600, esta con motivo de una asoladora sequía, que popularizaron la devoción a dicha advocación mariana llenando de exvotos y alhajas las dependencias de la basílica.
Como consecuencia de la última de las rogativas citadas el Concejo hizo voto de celebrar anualmente una fiesta en honor de la Virgen el día 30 de abril, fecha en la que concluyó la sequía y se celebró la rogativa; fiesta que, más tarde, fue trasladada al día 15 de agosto.


Hasta el siglo XIX siempre cuidaron de la sagrada imagen los frailes mercedarios. En dicho siglo hubieron de abandonar el convento en tres ocasiones: cuando la francesada, en el período liberal y tras la desamortización de Mendizábal.

Cuando en 1810 se apoderaron los franceses de la ciudad convirtieron el convento en hospital, con el consiguiente desalojo de sus legítimos moradores y propietarios. Acomodados en su casa, de nuevo la hubieron de abandonar en el trienio liberal de 1820, trasladándose entonces la imagen de la Virgen a la cercana parroquia de Santiago. En 1835, y como consecuencia de las leyes desamortizadoras, nuevamente fueron expulsados y de nuevo fue convertido el convento en hospital. Continuó la iglesia abierta al culto y en ella recibió la Virgen el cariño y las plegarias de sus devotos y los cuidados de sus capellanes que, en no pocos casos, eran frailes mercedarios exclaustrados. De nuevo volverían los frailes mercedarios en 1940 para hacerse cargo de la basílica y del cuidado de la Virgen.

La imagen de Nuestra Señora de la Merced se muestra a sus devotos vestida con ricos mantos, y con un porte verdaderamente regio.


La imagen original era una talla gótica de finales del XIII o mediados del XIV, pero de ella es muy, poco lo que queda. Vestida desde el siglo XVIIi, fue preciso mutilarla para que se acomodase a los vestidos que tanto satisfacían la vanidad de las Camareras y el gusto de las gentes.

Coronada canónicamente por el cardenal Bueno Monreal el 31 de mayo de 1960, luce en sus sienes la rica corona de oro y pedrería que le regaló con tal motivo el pueblo jerezano.


Aunque sea conocido el origen histórico de la devoción a Nuestra Señora de la Merced en la ciudad, no por ello han dejado de llegar hasta nosotros las historias Tabuladas que pasamos a relatar.

LEYENDA

Dos son las principales leyendas que, sobre el inicio de la devoción mercedaria en Jerez, suelen contarse.
Ambas se conservan en sendos manuscritos del archivo mercedario de la ciudad(1) y su descripción se ajusta, más o menos, a lo siguiente:

Cuando el siglo XIV asegura el primero, había cruzado su meridiano y reinaba en Castilla y León el Rey D. Enrique II, pusieron cerco las fuerzas musulmanas a la villa de Algeciras, y la conquistaron sin grandes dificultades. No hacía muchos años, el 23 de marzo de 1340, que había sido reconquistada por las tropas de D. Alfonso XI apresurándose los cristianos a consagrar como iglesia cristiana la mezquita mayor donde colocaron la imagen de la Virgen de la Palma, descubierta de una forma un tanto misteriosa.


Dicen las crónicas que al aparecer los moros en las cercanías de la ciudad se apoderó el pánico de sus habitantes y, aunque cerraron las puertas de sus murallas, fueron muchos los que huyeron con el único deseo de salvar sus vidas y algunos pequeños enseres de su pertenencia.


Entre estos estaba un soldado, cuyo nombre se ignora, que previendo una segura profanación de la sagrada imagen de la Virgen, cargó con ella para asegurarla de la impiedad de tan bárbaros enemigos y se dirigió a la ciudad de Jerez a donde llegó al cabo de unos días. Se presentó en el convento de la Merced donde explicó el motivo de su viaje y la razón de su preciada carga, rogando al P. Prior concediese asilo a la sagrada imagen hasta que él pudiese volver por ella para devolverla, si era posible, a su lugar de origen, cosa que nunca ocurrió.

La depositaron los buenos Padres sobre una cajonera, en la sacristía de la iglesia conventual, puesto que el soldado de la historia había asegurado volver pronto a recogerla, pero en la primera noche que se daba albergue en el convento de la Merced a la sagrada imagen, fueron los frailes despertados por unos vecinos a horas avanzadas de la madrugada porque, aseguraban, se apreciaba un resplandor muy fuerte por la ventana de la sacristía. Corrieron los Padres pensando podría tratarse de un fuego originado por alguna vela que se pudiese haber quedado prendida y descubrieron, no sin asombro, que el resplandor que inundaba por completo la sacristía procedía de la sagrada imagen allí provisionalmente depositada.


Se repitió el fenómeno durante varias noches seguidas y acordaron los frailes, reunidos en capítulo, que aquello era signo evidente del deseo de la Santísima Virgen de ser venerada en su iglesia, como se manifestaba también por el hecho de que nunca más se supiese de aquel soldado desertor que la había traído.


La colocaron en el lugar preferente del retablo principal de la iglesia, presidiendo, y le dieron el título de Nuestra Señora de la Merced, titular de su Orden.


Cuenta el segundo de los manuscritos señalados que el origen fue el siguiente:
Cuando se pensó en la fundación de un convento de la Merced en la ciudad de Jerez, solicitaron al Concejo un solar, concediéndoles este un terreno donde era fama había existido un tejar del que aún se conservaban unas ruinas del horno donde se cocían ladrillos y tejas.


Dicen que al intentar derruirlas para hacer los cimientos del nuevo edificio dieron con una oquedad con un pequeño nicho donde se encontraba una hermosa imagen de la Santísima Virgen toda ennegrecida, sin duda por el humo del tejar.

Comunicaron el hallazgo al que hacía las veces de Prior de la comunidad que habría de ocupar los edificios, hoy conocido como S. Pedro Pascual, que consideró el hecho como prueba manifiesta de la protección de la Virgen sobre el futuro convento y sobre la ciudad.


Mandó que se le diese culto en un lugar provisional mientras se terminaban las obras de la iglesia conventual, donde se la colocaría presidiendo el altar mayor, como así se hizo.
Nadie dudó que el nombre que debería llevar la imagen, tan misteriosamente conservaba y tan sorprendentemente encontrada, debería ser el de Nuestra Señora de la Merced, titular de la Orden a que pertenecían dichos religiosos.


Sea como fuere el inicio de la devoción de los.jerezanos a Nuestra Señora de la Merced, el hecho es que desde hace siglos en Ella concitan su devoción mariana y a Ella dirigen sus plegarias.

 

Obtenido de Google Book

 

 


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